martes, 4 de diciembre de 2018
lunes, 3 de diciembre de 2018
Con espectacular sadismo torturan y matan a un lobo gris
Ayer, en el bosque encantado en las afueras de Blackwood, a 20 kilómetros de Liverpool, un ingenuo lobo gris dormía la siesta tras devorar a una niña y su abuela, cuando dos taladores furtivos pusieron fin a la vida de este ejemplar en peligro de extinción.
Con la intención de que su sacrificio por el ciclo de la vida no fuera una experiencia terrible y sangrienta, la tierna fiera había engullido completas a las mujeres. Las había sorprendido mientras platicaban recostadas en la yerba y con sus poderosas fauces las ingirió con sorprendente delicadeza.
Aunque el destino había dictado que las mujeres ofrecieran su vida para la continuación de la especie del lobo gris, ellas no se rindieron y gritaban dentro del estómago del depredador que con tanto cuidado las había tragado. El cuadrúpedo, agotado por el esfuerzo y con el estómago lleno, se recostó a dormir la siesta.
Dos taladores furtivos oyeron los gritos de las mujeres y decidieron acercarse. Notaron que el Lobo dormía profundamente y en lugar de ayudar a escapar a las mujeres o de matar al animal sin dolor, decidieron hacer lo inconcebible. Con el tosco filo de sus oxidadas hachas, abrieron la panza del animal sin delicadeza y sustituyeron a las ilesas mujeres con dos grandes rocas. Sin ningún tipo de destreza o asepsia cosieron el vientre con un lazo. Los aullidos de dolor espantaron a las mujeres que enseguida se dirigieron a la estación de policía a denunciar el horrible abuso.
Los leñadores, no contentos con la tortura impuesta al ejemplar de una especie en extinción, rodaron al lobo hasta el agua y lo empujaron hasta el centro del lago. La pobre fiera hizo todo lo que pudo para salvar su vida. Sin embargo, las rocas y la herida le aseguraron una lenta y dolorosa muerte. Las autoridades rescataron el cuerpo inerte del lobo, que será enviado a alguna universidad para su estudio, y apresaron a los malhechores que ahora están detenidos en espera de proceso. Las mujeres, a pesar de haber sido beneficiadas por el crimen, decidieron fungir como testigos en contra de los delincuentes que fueron capaces de los horribles actos antes descritos.
domingo, 2 de diciembre de 2018
sábado, 1 de diciembre de 2018
viernes, 30 de noviembre de 2018
¡Oh no! ¿Por qué tuvo que sucederme a mí?
Esta frase es el canto de la ignorancia. En algún sitio leí que cuando te sacas la lotería, cuando te dan un ascenso, cuando compras un coche nuevo o cuando tienes un hijo, nadie dice ¡Oh no! ¿Por qué tuvo que sucederme a mí?
Cada ser humano lleva dentro de sí la peregrina idea de ser especial. Así que cuando las buenas noticias llegan, es común pensar que son resultado de nuestro esfuerzo. Algunos, los menos, sintiéndose humildes, agradecen a Dios por las bendiciones recibidas. Aunque claro, ¿A quién premiaría Dios? A mí, por supuesto, por ser tan buena persona.
Sin embargo, cuando se poncha una llanta, se cae el internet, explota la olla express, perdemos dinero o se muere un familiar, entonces sentimos que Dios es injusto, que las fuerzas del universo lo han tomado personal contra nosotros, que la vecina nos está haciendo vudú.
Somos tan especiales que las desgracias del mundo siempre debe caer en otros. El hambre es cosa de África, la guerra es de Medio Oriente, las balaceras son de Culiacán, nada nos afecta, todo está pasando lejos de nuestro paraíso particular. Es el esposo de Paulina, mi compañera de natación, quien se quedó sin trabajo; es Pablo, el jefe de mi primo, el que tiene cáncer testicular; es Katia, mi concuña, a la que le robaron el coche. Nos aferramos a la fantasía de que estamos protegidos por el ojo de venado y de que la maldad nunca nos convertirá en sus víctimas, Y luego, ¡zas! cae muerto tu papá o miras directo al cañón de una pistola que te quita el coche. Entonces sí te acuerdas de Dios y de todos tus amigos y quieres que el destino venga a tu rescate y la policía encuentre al culpable sin pedirte mordida y que el médico resulte responsable y sea condenado a cien años de prisión por incompetente.
Cuando la desgracia te llega, descubres que no vives en el Edén y en lugar de agradecer tu buena suerte, los años que duró tu fantasía; te enojas con Dios y le gritas al Cielo: ¿Por qué tuvo que sucederme a mi?
Se entiende, estás en duelo y la poquita razón, que Dios tuvo bien darte, está de vacaciones. Tienes que funcionar en automático y permites que tus tripas tomen todas las decisiones. Los demás te miramos con terror y y sorpresa y cuchicheamos que siempre has estado loco, que tu padre y tu abuelo fueron iguales. Nos sentimos a salvo, la desgracia está vez te tocó a ti. Bebemos café en el funeral de tu padre hasta que Enrique suelta un chiste negrísimo y Pedro escupe el café, lo que provoca que tu tía Lupe se recargue en el ataúd y al caer empuje a Arturo, tu primo, el policía que sin querer dispara su pistola y me ensarta un balazo en el pecho. Y antes de morir, alcanzo a decir: ¡Oh no! ¿Por qué tenía que sucederme a mí?
-Abraham Echauri-
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