miércoles, 20 de marzo de 2024

Carta a los jefes

 

El comercio de sustancias prohibidas no prospera sin la cooperación de las autoridades. Hay aduanas y policías que deben cooperar para que las mercancías encuentren a sus consumidores y fluya el dinero.  Así es en el mundo entero. Supongo que, a cambio de plata, ustedes recibieron la promesa de una franquicia, pero no perdieron la categoría de delincuentes. Bajo la mesa son socios y por encima, enemigos. Esto conviene a los que reciben su parte sin ensuciarse las manos. Esos que prohibieron actividades y sustancias, cualquier día pueden enviar a las fuerzas armadas a eliminar a quien resulte incómodo y si necesitan lavarse la cara, publican una captura y permiten que se extradite al más buscado. El pacto es frágil.


¿A quién conviene que México se sumerja en el caos? ¿Quienes son los pescadores que obtendrán ganancia de este río revuelto? ¿A quién beneficia que miles de personas de Centro y Sudamérica migren hacia Estados Unidos y se estanquen en nuestra frontera? ¿Para qué sirve este desorden? ¿Qué se busca lograr?


El innombrable puso el ejemplo de tomar el dinero y mudarse al otro lado del charco, lo siguieron otros. Pero ninguno de los jefes de esos días tuvo la misma suerte. No hubo Irlanda ni España para ustedes, ni escuelas en Londres para sus familias. Ellos envían a sus hijos a estudiar a las universidades extranjeras, mientras destruyen la SEP y la UNAM; viajan para atenderse en los hospitales en Houston porque el IMSS está en ruinas; van de vacaciones a New York o Europa, no pasean en Culiacán, Acapulco o Matamoros. Lo que se roban sale del país. Desconfían de que el siguiente administrador los obligue a devolver lo robado. No invierten en México. Se genera riqueza que beneficia a otros países. Pero México podría convertirse en uno de esos países que reciben dinero de otros estados.


Tampoco usan los impuestos en servicios públicos de calidad. Un ejemplo basta: Mientras el país se sumerge en publicidad de los candidatos de la próxima elección; la promesa del mejor servicio de salud del mundo sigue siendo una promesa repetida mil veces con fecha postergada en la que nadie cree. No hay garantías de futuro. El pacto jode a todos, salvo a los que reciben su parte sin hacer nada y aquí siembran inseguridad, corrupción, muerte e impunidad.


Estoy seguro que saben que el Administrador se cree invulnerable porque ha comprado muchos cómplices. Pero todos serán traicionados, como traicionó a los que creyeron en el cambio y todos los socios. Sé que ustedes resistirán, pero sería mejor cambiar el pacto. El país no debe ser un rehén más del Foro de Sao Paolo. Ustedes son la pieza clave que puede cambiar esto. Corten el flujo. Sin dinero, los políticos son nada. La India cambió gracias a la desobediencia civil. Basta con redistribuir ese dinero dando trabajo a la gente.


Todos necesitamos certezas para mejorar nuestra vidas. Necesitamos agua para beber y para los cultivos, trabajo para pagar alimentos, ropa y techo, escuelas que enseñen conocimientos útiles en la vida diaria, hospitales con personal preparado y medicinas, urge la libertad de movernos sin miedo y sin pagar por carreteras en mal estado. No son sueños guajiros. Son realidades estables en otros países. Los mexicanos nos estamos acostumbrando a pensar que son imposibles pero eso se puede corregir. Si dejan de pagar, si rompen el pacto y ponen el ejemplo de invertir en México, de cuidar y ordenar la casa, será posible corregir el camino.  


Se necesitan cambios, el más importante es cambiar la mentalidad. Nadie debe pensar en robar y escapar, mientras los muertos se quedan aquí. Que nadie huya con el botín. La única opción debe ser quedarse en México, gastar en México, invertir en México, construir y educar en México. Generar acuerdos y respeto en México. El proyecto debe ser tener un país mejor, nuestra versión en español de Suiza o Japón. Un terreno que atraiga por su paz, no por la mano de obra barata y su cercanía con los gringos. Lo pongo a su consideración.


En la batalla